Hablar en público: la importancia de la comunicación no verbal en una presentación

El instrumento de comunicación más común de los seres humanos es la comunicación verbal. Palabras a través de la voz para transmitir nuestro mensaje a las personas que nos escuchan. Sin comunicación, los humanos no seríamos nada ya que estaríamos solos y aislados. Por tanto, ya sea en la vida o en los negocios, es un tipo de comunicación que debemos dominar para socializarnos mejor.

Relacionarnos con otras personas implica que, en muchas ocasiones, tengamos que hablar en público. Pero a la hora de hacer una presentación, una entrevista en grupo o participar en una discusión, la comunicación verbal no es la única forma de comunicarnos. La comunicación no verbal es tan importante como la expresada con palabras. En muchas ocasiones, un simple gesto, mirada, sonrisa o movimiento corporal puede significar mucho más que una palabra ya que podemos comunicar acuerdo, indiferencia, hastío o desacuerdo. Por lo tanto, en el ámbito laboral, igual de importante es saber superar un proceso de selección o hacer un buen CV, como saber transmitir mediante gestos.

Ventajas de dominar la comunicación no verbal

Claridad

Con un simple gesto o movimiento de cabeza podemos  expresar acuerdo o desacuerdo con la persona con la que hablamos. Al encoger los hombros, expresamos sensación de incredulidad o desconocimiento de algún tema. Una adecuada mezcla entre palabras y gestos garantiza la atención de la audiencia a nuestro discurso.

Refuerza el mensaje

La comunicación mediante gestos o movimientos, refuerza el mensaje que transmitimos con nuestras palabras en una presentación. Sirve para que nuestro público comprenda exactamente lo que queremos decir sin dar lugar a interpretaciones erróneas,  y a que pongan toda su atención en nosotros.

Transmiten nuestro estado de ánimo

Mediante un sólo gesto podemos comunicar sin palabras nuestro estado de ánimo o la sensación que nos gustaría transmitir. En una presentación pública es importante que los gestos complementen a nuestras palabras si queremos trasladar euforia, tristeza o alegría.

Reciprocidad

Al igual que nuestros gestos envían información a nuestros oyentes, ellos también nos transmiten, incluso de forma involuntaria, su estado de ánimo. Si nuestro discurso durante una presentación es aburrido o no despierta interés, lo notaremos en los destinatarios de nuestras palabras. Una mirada furtiva al reloj o encogimiento en el asiento indican que es la hora de hacer remontar nuestro parlamento.

Contenido tomado de ESERP